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nydus/The Three MusketeersPublic
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XLIX. Fatalidad

esta vez con un semblante de tal impasibilidad que ningún descubrimiento siguió a su investigación. El oficial que se había detenido ante ella y la había estudiado con tanta atención podía tener veinticinco o veintiséis años de edad. * Tenía el rostro pálido, con ojos azules claros, más bien hundidos; * su boca, fina y bien cortada, permanecía inmóvil en sus líneas correctas; * su mentón, fuertemente marcado, denotaba esa fuerza de voluntad que en el tipo británico corriente no denota por lo general más que obstinación; * una frente un poco huidiza, como corresponde a poetas, entusiastas y soldados, estaba apenas ensombrecida por un cabello corto y ralo que, al igual que la barba que cubría la parte inferior de su rostro, era de un

Al entrar en el puerto, ya era de noche. La niebla aumentaba la oscuridad y formaba en torno a las luces de popa y a los faroles del muelle un círculo como el que rodea a la luna cuando el tiempo amenaza lluvia. El aire que respiraban era pesado, húmedo y frío.

Milady, esa mujer tan valiente y firme, se estremeció a pesar suyo.

El oficial quiso que le señalaran los bultos de Milady y ordenó que los colocaran en la barca. Cuando esta operación hubo concluido, la invitó a descender ofreciéndole la mano.

Milady miró a este hombre y dudó.

—¿Quién es usted, señor —preguntó ella—, que tiene la gentileza de tomarse tantas molestias por mí?

—Podrá advertir, Madame, por mi uniforme, que soy oficial de la marina inglesa —respondió el joven.

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