En busca de los equipos
El más preocupado de los cuatro amigos era sin duda d’Artagnan, aunque él, en su calidad de Guardia, se equiparía con mucha más facilidad que los señores mosqueteros, que gozaban todos de alta alcurnia; pero nuestro cadete gascón era, como se habrá podido observar, de un carácter providente y casi avaro, y además de eso (explíquese la contradicción) tan vanidoso que casi rivalizaba con Porthos.
A esta preocupación de su vanidad, d’Artagnan unía en ese momento una inquietud mucho menos egoísta.
- A pesar de todas sus pesquisas respecto a Madame Bonacieux, no había podido obtener ninguna noticia de ella.
- M. de Tréville le había hablado de ella a la reina.
- La reina ignoraba dónde se encontraba la joven esposa del mercader, pero había prometido hacerla buscar; sin embargo, esta promesa era muy vaga y no tranquilizaba en absoluto a d’Artagnan.
Athos no salió de su habitación; se había propuesto no dar un solo paso para equiparse.
—Aún tenemos quince días por delante —les dijo a sus amigos—; bien, si al cabo de una quincena no he encontrado nada, o más bien si nada ha venido a buscarme, como soy demasiado buen católico para matarme de un pistoletazo, buscaré una buena pelea con cuatro de los