“—Muy bien, tú te lo has buscado. ¡Hasta mañana por la tarde, pues!”
—¡Hasta mañana por la tarde, pues! —repliqué, dejándome caer y mordiendo la alfombra de rabia.
Felton se apoyó para sostenerse en un mueble; y Milady vio, con alegría demoníaca, que sus fuerzas le abandonarían tal vez antes del fin de su relato.