—Ciertamente yo no era el primer cautivo que había sido encerrado en esta espléndida prisión; mas bien podéis comprender, Felton, que cuanto más soberbia era la prisión, mayor era mi terror.
«Sí, era una prisión, pues intenté en vano salir de ella. Exploré todas los paredes con la esperanza de descubrir una puerta, pero por todas partes los muros devolvían un sonido sordo y plano.
“Hice el recorrido de la habitación al menos veinte veces, en busca de alguna salida; pero no había ninguna. Me dejé caer, agotado por la fatiga y el terror, en un sillón.
«Mientras tanto, la noche se echó encima con rapidez y, con la noche, mis terrores aumentaron. No sabía si lo mejor sería quedarme donde estaba sentado. Me parecía estar rodeado de peligros desconocidos en los que estaba a punto de caer a cada instante. Aunque no había comido nada desde la tarde anterior, mis temores me impedían sentir hambre».
“Ningún ruido del exterior por el cual pudiera medir el tiempo llegó hasta mí; solo supuse que debían ser las siete o las ocho de la tarde, pues era el mes de octubre y estaba completamente oscuro.
“De pronto, el ruido de una puerta al girar sobre susbisagras me hizo dar un sobresalto. Un globo de fuego apareció sobre la abertura vidriada del techo, arrojando una fuerte luz en mi aposento; y percibí con terror que un hombre se encontraba de pie a pocos pasos de mí.
Una mesa, dispuesta para dos comensales y con una cena ya preparada, se encontraba, como por arte de magia, en medio del aposento.
“Aquel hombre era quien me había perseguido durante todo un año, quien había jurado mi deshonra y quien, con las primeras palabras que salieron de su boca, me dio a entender que la había consumado la noche anterior”.