Codal
nydus/The Three MusketeersPublic
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XLIX. Fatalidad

acercó al buque mercante y dejó caer al mar una chalupa que dirigió su rumbo a la escalerilla. Esta chalupa transportaba a un oficial, a un segundo y a ocho remeros. El oficial subió solo a bordo, donde fue recibido con toda la deferencia que inspira el uniforme.

El oficial conversó unos instantes con el capitán, le entregó varios papeles de los que era portador para que los leyera, y por orden del capitán mercante toda la tripulación de la nave, tanto los pasajeros como los marineros, fue llamada a cubierta.

Cuando esta especie de citación se hubo efectuado, el oficial inquirió en voz alta el punto de salida del bergantín, su ruta, sus escalas; y a todas estas preguntas el capitán respondió sin dificultad y sin vacilación.

Luego el oficial comenzó a pasar revista a toda la gente, uno tras otro, y al detenerse ante Milady, la examinó muy de cerca, pero sin dirigirle una sola palabra.

Luego volvió con el capitán, le dirigió unas palabras y, como si a partir de ese momento la nave estuviera bajo su mando, ordenó una maniobra que la tripulación ejecutó de inmediato.

Después el buque reanudó su rumbo, aún escoltado por el pequeño cúter, que navegaba codo a codo con él, amenazándolo con las bocas de sus seis cañones. El bote seguía la estela del barco, una mota cerca de la masa enorme.

Durante el examen de Milady por parte del oficial, como bien puede imaginarse, Milady por su parte no fue menos escrutadora en sus miradas. Pero por grande que fuera el poder de esta mujer de ojos de llama para leer los corazones de aquellos cuyos secretos deseaba adivinar, tropezó

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