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nydus/The Three MusketeersPublic
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LVII. Medios para la Tragedia Clásica

“‘Lo juro ante el Dios que me escucha. Tomaré al mundo entero como testigo de tu crimen, y eso hasta que haya encontrado un vengador’”.

«“Eres una prostituta —dijo él, con voz de trueno—, ¡y vas a sufrir el castigo de las prostitutas! ¡Estigmatizada ante los ojos del mundo que invocas, intenta demostrar a ese mundo que no eres ni culpable ni estás loca!”»

“Luego, dirigiéndose al hombre que lo acompañaba: «Verdugo», le dijo, «cumple con tu deber».”

—¡Oh, su nombre, su nombre! —exclamó Felton—. ¡Su nombre, dígamelo!

—Luego, a pesar de mis gritos, a pesar de mis resistencias⁠—pues empezaba a comprender que se trataba de algo peor que la muerte⁠—, el verdugo me agarró, me tiró al suelo, me ató con sus ligaduras y, ahogada por los sollozos, casi sin sentido, invocando a Dios, que no me escuchaba, lancé de golpe un espantoso grito de dolor y vergüenza. Un fuego ardiente, un hierro al rojo vivo, el hierro del verdugo, quedó impreso en mi hombro.

Felton lanzó un gemido.

—Aquí —dijo Milady, levantándose con la majestad de una reina—, aquí, Felton, contempla el nuevo martirio inventado para una joven pura, víctima de la brutalidad de un malvado. Aprende a conocer el corazón de los hombres y en adelante hazte menos fácilmente instrumento de su injusta venganza.

Milady, con un gesto rápido, abrió su vestido, rasgó el cambray que cubría su seno y, roja de fingida cólera y simulada vergüenza, mostró al joven la inefable impresión que deshonraba aquel hermoso hombro.

—Pero —exclamó Felton—, esa es una flor de lis la que veo ahí.

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