diría por nada del mundo —dijo Aliosha, sonriendo.
—¡Puf! Te crees que está disgustado por eso. ¡Qué va, si está celoso a propósito! Da igual lo que sienta —dijo Grushenka con amargura.
—¿A propósito? —inquirió Aliosha.
—Te digo que eres un tonto, Aliosha. No sabes nada de esto, con toda tu inteligencia. No me ofende que esté celoso de una muchacha como yo. Me ofendería que no lo estuviera. Yo soy así. No me ofende la celotipia. Yo también tengo un corazón feroz. Yo misma puedo ser celosa. Solo me ofende que no me quiera en absoluto. Te digo que ahora está celoso a propósito. ¿Acaso estoy ciega? ¿No lo veo? Empezó a hablarme hace un momento de esa mujer, de Katerina, diciendo que esto y aquello, cómo le había mandado un médico desde Moscú para intentar salvarlo; cómo había contratado al mejor abogado, al