pues nunca había podido hablar. Pero su historia merece un capítulo aparte.
II
Lizaveta
Hubo una circunstancia que llamó especialmente la atención de Grigori y que confirmó una sospecha muy desagradable y repugnante. Esta Lizaveta era una criatura enana, «de ni cinco pies por un pelo», como decían lastimeramente sobre ella muchas de las piadosas ancianas tras su muerte. Su rostro ancho, sano y enrojecido tenía una expresión de absoluta idiotez y la mirada fija de sus ojos resultaba desagradable, a pesar de su aire manso. Deambulaba, tanto en verano como en invierno, descalza, vistiendo únicamente una camisa de cáñamo. Su cabello áspero, casi negro, se rizaba como la lana de cordero y formaba una especie de enorme gorro en su cabeza. Siempre estaba incrustado de barro y se le pegaban hojas, ramitas y virutas, ya que dormía siempre en el suelo