en cama en la dependencia), le respondió a su pregunta que Iván Fiódorovich había salido hacía dos
“¿Y mi padre?”
—Ya se ha levantado y está tomando su café —respondió Marfa con cierta sequedad.
Alejo entró. El viejo estaba sentado solo a la mesa con zapatillas y un gabancito viejo. Se entretenía revisando unas cuentas, aunque con bastante poca atención. Estaba completamente solo en la casa, pues Smerdyakov también había salido a hacer las compras. Aunque se había levantado temprano y trataba de mostrarse animoso, tenía un aspecto cansado y débil. La frente, en la que durante la noche habían brotado enormes hematomas morados, estaba vendada con un pañuelo rojo; su nariz también se había hinchado terriblemente durante la noche, y unos hematomas más pequeños la cubrían a parches, dando a todo su rostro un aspecto singularmente rencoroso e irritable. El viejo era consciente