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nydus/The Brothers KaramazovPublic
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Libro VIII

entrecerró los ojos con astucia.

—No, enséñeme usted esto: dígame cuál es la ley que permite la canallada. ¿Me oye? ¡Es un bribón! ¿Comprende eso?

Mitya se retiró con melancolía y de repente «le pareció que le daban un golpe en la cabeza», según dijo después. En un instante pareció alborear una luz en su mente, «se encendió una luz y lo comprendí todo».

Se quedó estupefacto, preguntándose cómo él, a fin de cuentas un hombre inteligente, había podido ceder a semejante insensatez, haberse dejado arrastrar a una aventura así y haberla mantenido durante casi veinticuatro horas, dando vueltas en torno a aquel Liagavy y mojándole la cabeza.

—¡Vaya, el hombre está borracho, totalmente borracho, y seguirá bebiendo durante una semana entera!; ¿de qué sirve esperar aquí? ¿Y si Samsónov me ha mandado aquí adrede? ¿Y

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