palabras: «Bueno, ya no hay forma de rehabilitarme. Así que déjame avergonzarlos con todas mis fuerzas. ¡Les demostraré que no me importa lo que piensen, eso es
Le dijo al cochero que esperara, mientras con pasos rápidos regresaba al monasterio y se dirigía directamente al del Padre Superior. No tenía una idea clara de lo que haría, pero sabía que no podía contenerse, y que un solo toque podía llevarlo hasta los límites de la obscenidad, pero solo de la obscenidad, a nada criminal, a nada por lo que pudiera ser castigado legalmente. En último término, siempre sabía contenerse, y a veces hasta se había maravillado de sí mismo en ese aspecto. Se presentó en el comedor del Padre Superior en el momento en que la oración había terminado y todos se dirigían a la mesa. De pie en el umbral, escudriñó