cruzó la habitación para espantar el sopor. Por momentos se imaginaba que deliraba, pero no era en la enfermedad en lo que más pensaba. Al sentarse de nuevo, comenzó a mirar a su alrededor, como si buscara algo. Esto ocurrió varias veces. Por fin, sus ojos se fijaron intensamente en un punto. Iván sonrió, pero un rubor irritado le invadió el rostro. Se quedó sentado un buen rato en su sitio, con la cabeza apoyada en ambos brazos, aunque miraba de soslayo hacia el mismo punto, hacia el sofá que estaba contra la pared de enfrente. Había evidentemente algo, algún objeto, que le irritaba allí, le preocupaba y le atormentaba.
IX
El Diablo. La pesadilla de Iván
No soy médico, y sin embargo siento que ha llegado el momento en que debo dar al lector alguna explicación sobre la naturaleza de la enfermedad de Iván.