una posición bastante poderosa a su manera. La curiosidad me impulsó a aprovechar la oportunidad de conversar con él.
Y como no había venido en calidad de visitante, sino como un funcionario subalterno que traía un informe especial, y como vio el recibimiento que me había dado su jefe, se dignó a hablar con cierta franqueza, hasta cierto punto solamente, por supuesto.
Era más bien cortés que franco, de esa manera en que los franceses saben ser corteses, especialmente con un extranjero. Pero le entendí perfectamente. El tema eran los revolucionarios socialistas que por entonces eran perseguidos.
Cito tan solo la más curiosa de las observaciones que hizo esta persona. > «No tenemos un miedo particular —dijo—, de todos estos socialistas, anarquistas, incrédulos y revolucionarios; los vigilamos y conocemos todos sus movimientos. Pero hay entre ellos unos cuantos hombres peculiares que creen