mente de Mitia. Esta vez el polaco respondió con innegable irritación.
—Pani, yo no me opuse. No dije nada.
—Está bien. Venga, cuéntenos su historia —le gritó Grushenka a Maksimov—. ¿Por qué están todos callados?
«No hay nada que contar, todo es muy tonto», respondió Maksímov de inmediato, con evidente satisfacción, amanerándose un poco. «Además, todo eso es a modo de alegoría en Gógol, pues hace que todos los nombres tengan un significado. A Nozdriov en realidad lo llamaban Nosov, y Kuvshínikov tenía un nombre muy distinto, se llamaba Shkvorniov. A Fenardi de verdad lo llamaban Fenardi, solo que no era italiano sino ruso, y la mamsel Fenardi era una chica bonita con sus bonitas piernitas en mallas, y llevaba una faldita corta con lentejuelas, y no paraba de dar vueltas y vueltas, solo que no