“Te lo diré. Es un hombre de carácter débil y timorato; ha sufrido tanto y es muy bondadoso. No dejo de preguntarme por qué se ofendió tan de repente, pues te aseguro que, hasta el último minuto, no sabía que iba a pisotear los billetes. Y ahora pienso que había motivos de sobra para que se ofendiera… y no podía ser de otro modo en su situación… Para empezar, le dolía haber mostrado tanta alegría por el dinero en mi presencia y no habérmelo ocultado. Si se hubiera alegrado, pero no tanto; si no lo hubiera demostrado; si hubiera empezado a fingir escrúpulos y dificultades, como hace otra gente cuando recibe dinero, aún habría soportado aceptarlo. Pero se alegró con demasiada sinceridad, y eso era humillante. Ah, Lise, es un hombre bueno y veraz, y ese es el peor aspecto de todo el asunto. Todo el tiempo que estuvo hablando, su voz era tan débil, tan quebrada, hablaba tan deprisa, tan deprisa, no paraba de soltar esa risa, o tal vez estaba llorando —sí, estoy seguro de que estaba lloraba, estaba tan contento— y hablaba de sus hijas… y del puesto que podría conseguir en otra ciudad… Y cuando hubo abierto su corazón, le dio vergüenza haberme enseñado así su alma. Así que empezó a odiarme de inmediato. Es uno de esos pobres terriblemente sensibles. Lo que más le había avergonzado era haber cEDIdo demasiado pronto y haberme aceptado como amigo, ¿ves? Al principio casi se me echa encima y trató de intimidarme, pero en cuanto vio el dinero empezó a abrazarme; no paraba de tocarme con las manos. Debe de ser así como llegó a sentirlo todo de forma tan humillante, y entonces cometí ese error, uno muy importante. De repente le dije que si no tenía bastante dinero para mudarse a otra ciudad, se lo daríamos, y que, en efecto, yo mismo
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Libro V. Pro y contra
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