serena. El presidente comenzó su interrogatorio con tacto y mucho respeto, como si temiera tocar «determinadas fibras» y mostrando consideración por su gran desdicha. Pero, en respuesta a una de las primeras preguntas, Katerina Ivanovna replicó con firmeza que anteriormente había estado comprometida con el acusado, «hasta que me abandonó por su propia voluntad...», añadió en voz baja. Cuando le preguntaron por los tres mil rublos que le había confiado a Mitia para que se los enviara por correo a sus parientes, dijo con firmeza: «No le di el dinero simplemente para que lo despachara. En ese momento sentí que él tenía mucha necesidad de dinero... Le di los tres mil bajo el acuerdo de que los enviaría por correo dentro del mes si así lo deseaba. No había necesidad de que él se preocupara por esa deuda después».
No repetiré en detalle todas las preguntas que se le hicieron ni todas sus respuestas. Solo expondré la sustancia de su testimonio.
—Yo estaba firmemente convencida de que enviaría esa suma tan pronto como recibiera dinero de su padre —continuó ella—. Nunca he dudado de su desinterés y su honradez... de su escrupulosa honradez... en cuestiones de dinero. Él estaba plenamente seguro de que recibiría el dinero de su padre, y me habló de ello varias veces. Yo sabía que tenía un pleito con su padre y siempre he creído que este lo había tratado injustamente. No recuerdo ninguna amenaza pronunciada por él contra su padre. Desde luego, nunca profirió tal amenaza delante de mí. Si hubiera venido a verme en aquel momento, yo le habría aliviado enseguida la zozobra por esos malditos tres mil rublos, pero él había dejado de venir a verme... y yo misma me encontraba en una situación tal... que no podía invitarlo... Y, a decir verdad, no tenía ningún derecho