sola no basta para la vida, la hosanna debe ser probada en el crisol de la duda y así sucesivamente, al mismo estilo. Pero yo no me meto en eso, no lo creí yo, no soy responsable de ello. Bien, han elegido a su chivo expiatorio, me han hecho escribir la sección de crítica y así se hizo posible la vida. Nosotros comprendemos esa comedia; yo, por ejemplo, simplemente pido la aniquilación. No, vive, se me dice, porque sin ti no habría nada. Si todo en el universo fuera sensato, no ocurriría nada. No habría acontecimientos sin ti, y tiene que haber acontecimientos. Así que, a regañadientes, sirvo para producir acontecimientos y hago lo irracional porque se me ordena. A pesar de su indiscutible inteligencia, los hombres se toman esta farsa como algo serio, y esa es su tragedia. Sufren, por supuesto… pero entonces viven, viven una vida real, no fantástica, porque el sufrimiento es la vida. Sin sufrimiento, ¿cuál sería el placer de ello? Se transformaría en un servicio eclesiástico interminable; sería santo, pero tedioso. ¿Pero qué hay de mí? Yo sufro, pero aun así, no vivo. Soy una x en una ecuación indeterminada. Soy una especie de fantasma en la vida que ha perdido todo principio y fin, y que incluso ha olvidado su propio nombre. Estás riendo; no, no te estás riendo, estás enojado otra vez. Estás siempre enojado, lo único que te importa es la inteligencia, pero repito de nuevo que daría toda esta vida supraestelar, todos los rangos y honores, simplemente por transformarme en el alma de la esposa de un mercader que pese ciento quince kilos y encender velas en el altar
—¿Entonces ni tú crees en Dios? —dijo Iván, con una sonrisa