de pierna una y otra vez.
—Vaya, pues nosotros no tenemos montañas —exclamó el padre Iosif, y volviéndose hacia el anciano, continuó:
«Observad la respuesta que da a las siguientes proposiciones "fundamentales y esenciales" de su oponente, que es, debéis notarlo, un eclesiástico. Primera, que "ninguna organización social puede ni debe arrogarse el poder de disponer de los derechos cívicos y políticos de sus miembros". Segunda, que "la jurisdicción penal y civil no debe pertenecer a la Iglesia, y es incompatible con su naturaleza, tanto como institución divina como organización de hombres con fines religiosos", y, por último, en tercer lugar, "la Iglesia es un reino que no es de este mundo"».
—¡Un juego de palabras de lo más indigno para un eclesiástico! —El padre Paisi no pudo reprimir la tentación de terciar de nuevo. —He leído el libro al que usted