de repente la pierna izquierda de debajo de la mesa, empezó a remangarse el pantalón. Llevaba medias largas blancas y zapatillas. Lentamente se quitó la liga y rebuscó hasta el fondo de la media. Iván lo miró fijamente y de pronto se estremeció en un paroxismo de terror.
—¡Está loco! —gritó, y saltando rápidamente hacia atrás, dio contra la pared y se quedó allí plantado, rígido y derecho.
Miró con un terror demencial a Smerdyakov, quien, totalmente indiferente a su terror, siguió hurgándose la media, como si hiciera un esfuerzo por alcanzar algo con los dedos y sacarlo.
Por fin lo agarró y empezó a sacarlo. Iván vio que era un pedazo de papel, o tal vez un rollo de papeles. Smerdyakov lo sacó y lo puso sobre la mesa.
—Aquí —dijo en voz baja.
—¿Qué es? —preguntó Iván, temblando.
—Dígnese a mirarlo —respondió Smerdyakov,