contesta, contesta, te lo exijo: ¿qué fue lo que... qué pude haber hecho para sembrar una sospecha tan denigrante en tu mezquina alma?”
“En cuanto al asesinato, no podrías haberlo hecho ni querías hacerlo, pero en lo que respecta a desear que otra persona lo hiciera, eso era exactamente lo que querías”.
“¡Y qué fríamente, qué fríamente habla! Pero ¿por qué habría de haberlo deseado?, ¿qué motivos tenía para desearlo?”.
—¿Qué base tenía? ¿Y qué hay de la herencia? —dijo Smerdiakov con sarcasmo y, por decirlo así, con rencor—. —Hombre, después de la muerte de vuestro progenitor a cada uno de vosostros os habrían tocado por lo menos cuarenta mil, y muy probablemente más; pero si Fiódor Pávlovich se casaba entonces con esa señora, Agrafena Alexándrovna, ella habría hecho que le cedieran todo su capital inmediatamente después de la boda, pues tiene mucha sensatez,