iban a hacer visitas. Pero a la mañana siguiente se levantaban al alba, como de costumbre, barrían las habitaciones con una escoba de abedul, vaciaban las bacinicas y limpiaban lo que
A pesar de los miles de rublos que había ahorrado, a Trifón Borísovitch le gustaba mucho vaciar los bolsillos de un huésped borracho y, recordando que ni un mes antes había ganado, en veinticuatro horas, doscientos, si no trescientos rublos a costa de Dmitri cuando este había venido en su juerga con Grúshenka, lo recibió ahora con efusiva bienvenida, olfateando a su presa en el momento en que Mitia se detuvo ante los escalones.
—¡Dmitri Fiódorovich, estimado señor, lo vemos una vez más!
—Espere, Trifón Borísovitch —comenzó Mitia—, ante todo, ¿dónde está ella?
—¿Agrafena Alexandrovna? —El posadero lo comprendió al instante, mirando fijamente a la