lo creó conforme a la geometría de Euclides y a la mente humana provista del concepto de solo tres dimensiones en el espacio. Sin embargo, ha habido y sigue habiendo geómetras y filósofos, e incluso algunos de los más distinguidos, que dudan de que todo el universo, o para hablar más ampliamente todo el ser, haya sido creado únicamente según la geometría de Euclides; se atreven incluso a soñar que dos líneas paralelas, que según Euclides jamás pueden encontrarse sobre la tierra, tal vez se encuentren en algún lugar del infinito. He llegado a la conclusión de que, como ni siquiera puedo entender eso, no puedo esperar entender lo relativo a Dios. Reconozco humildemente que carezco de la facultad para resolver tales cuestiones; tengo una mente terrenal euclidiana, y ¿cómo podría resolver problemas que no son de este mundo? Y te aconsejo que tú tampoco pienses nunca en ello, querido Alekséi, especialmente en Dios, en si existe o no. Todas esas cuestiones son totalmente inadecuadas para una mente creada con la idea de solo tres dimensiones. Y por eso acepto a Dios y me alegro de hacerlo, y aún más, acepto Su sabiduría, Sus designios, que escapan por completo a nuestro entendimiento; creo en el orden subyacente y en el sentido de la vida; creo en la armonía eterna en la que dicen que un día nos fundiremos. Creo en el Verbo hacia el cual tiende el universo, y que Él mismo estaba «con Dios», y que Él mismo es Dios y así sucesivamente, hasta el infinito. Hay toda clase de fórmulas para expresarlo. Parece que voy por el buen camino, ¿no? Sin embargo, ¿lo creerías?, en última instancia no acepto este mundo de Dios, y, aunque sé que existe, no lo acepto en absoluto. No es que no acepte a Dios, debes comprenderlo, es el mundo creado por Él el que no acepto ni
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Libro V. Pro y contra
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