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nydus/MiddlemarchPublic
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LXVIII

—No le darás ninguna pista del plan a Fred hasta que estés seguro de que Bulstrode aceptaría la propuesta —dijo la señora Garth en un tono de prudente cautela—. Y en cuanto al matrimonio, Caleb, los viejos no necesitamos ayudar a apresurarlo.

—Oh, no lo sé —dijo Caleb, ladeando la cabeza—. El matrimonio es algo que amansa. Fred querría menos freno y mordaza por mi parte. De todos modos, no diré nada hasta saber dónde piso. Volveré a hablar con Bulstrode.

Aprovechó la primera oportunidad para hacerlo. Bulstrode tenía todo menos un interés cálido en su sobrino Fred Vincy, pero tenía un fuerte deseo de asegurarse los servicios del señor Garth en muchos asuntos dispersos en los que con seguridad saldría perdiendo considerablemente de estar bajo una administración menos concienzuda.

Por ese motivo no puso objeción a la propuesta del señor Garth; y también había otra razón por la cual no le desagradaba dar un consentimiento que iba a beneficiar a uno de los miembros de la familia Vincy. Consistía en que la señora Bulstrode, habiéndose enterado de las deudas de Lydgate, había estado ansiosa por saber si su esposo no podía hacer algo por la pobre Rosamond, y se había afligido mucho al saber por boca de él que los asuntos de Lydgate no tenían fácil remedio y que el plan más prudente era dejar que “siguieran su curso”.

La señora Bulstrode había dicho entonces por primera vez: —Creo que siempre eres un poco duro con mi familia, Nicholas. Y estoy segura de que no tengo motivos para renegar de ninguno de mis parientes. Demasiado mundanos podrán ser, pero nadie ha tenido jamás que decir que no sean respetables.

“Querida Harriet —dijo el señor Bulstrode, esquivando los ojos de su esposa, que se estaban llenando de lágrimas—, le he proporcionado a tu hermano una gran cantidad de capital. No se puede esperar que me haga cargo de sus hijos casados”.

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