Es posible; a menudo he sentido tanta debilidad en mí mismo que puedo concebir que incluso un hombre de disposición honorable, tal como siempre he creído que es Lydgate, sucumba a una tentación como la de aceptar dinero ofrecido más o menos indirectamente como un soborno para asegurar su silencio sobre hechos escandalosos ya lejanos. Digo que puedo concebir esto, si estuviera bajo la presión de circunstancias difíciles, si hubiera estado acosado como estoy seguro de que lo ha estado Lydgate. No creería nada peor de él salvo bajo pruebas rigurosas. Pero existe la terrible Némesis que sigue a ciertos errores, y es que siempre es posible para quienes así lo desean interpretarlos como un delito: no hay más prueba a favor del hombre que su propia conciencia y su
—¡Ay, qué crueldad! —dijo Dorothea, juntando las manos—. ¿Y no le gustaría a usted ser la única persona que creyera en la inocencia de ese hombre, si el resto del mundo lo calumniara? Además, hay la reputación previa de un hombre que aboga por él.
—Pero, mi querida señora Casaubon —dijo el señor Farebrother, sonriendo con suavidad ante su ardor—, el carácter no está esculpido en mármol; no es algo sólido e inalterable. Es algo vivo y cambiante, y puede enfermar tal como lo hacen nuestros cuerpos.
—Entonces se le puede rescatar y sanar —dijo Dorothea—. No me daría miedo pedirle al señor Lydgate que me dijera la verdad, para poder ayudarle. ¿Por qué iba a darme miedo? Ahora que no voy a quedarme con las tierras, James, podría hacer lo que propuso el señor Bulstrode y ocupar su lugar en la financiación del Hospital; y tengo que consultar al señor Lydgate para saber a fondo cuáles son las perspectivas de hacer el bien manteniendo los planes actuales. Se me presenta la mejor