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nydus/MiddlemarchPublic
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Final

mayor distancia. Con esta sentencia oracular Ben quedó muy satisfecho, sin importarle la travesura; pero Letty se lo tomó a mal, ya que su sentimiento de superioridad era más fuerte que sus músculos.

Fred nunca llegó a ser rico; su optimismo no le había llevado a esperar eso; pero poco a poco ahorró lo suficiente como para convertirse en dueño de las existencias y los muebles de Stone Court, y el trabajo que el señor Garth puso en sus manos lo sacó holgadamente adelante en aquellos «malos tiempos» que siempre acompañan a los granjeros. Mary, en sus años de matrona, adquirió una figura tan maciza como la de su madre; pero, a diferencia de ella, les dio a los muchachos poca enseñanza formal, de modo que la señora Garth temía que jamás llegaran a dominar la gramática y la geografía. Sin embargo, demostraron estar bastante adelantados cuando fueron a la escuela; tal vez porque no les había gustado nada tanto como estar con su madre. Cuando Fred volvía a casa a caballo en las tardes de invierno, tenía de antemano la agradable visión del luminoso hogar en el salón revestido de madera, y sentía lástima por otros hombres que no podían tener a Mary por esposa; especialmente por el señor Farebrother. «Él era diez veces más digno de ti que yo», podía decirle ahora Fred con magnanimidad. «Claro que lo era», respondió Mary; «y por esa razón podía arreglarse mejor sin mí. Pero tú⁠—me estremezco al pensar en lo que habrías sido⁠—, ¡un vicario endeudado por el alquiler de caballos y pañuelos de muraza!».

Indagando, tal vez se descubriera que Fred y Mary aún habitan en Stone Court⁠—que las plantas trepadoras todavía arrojan la espuma de sus flores sobre el fino muro de piedra hacia el campo donde los nogales se alinean majestuosamente⁠— y que en los días soleados los dos amantes que primero se comprometieron con el anillo del paraguas pueden ser vistos con una placidez de cabellos blancos en la ventana abierta desde la cual Mary Garth, en los días del viejo Peter Featherstone, había recibido a menudo la orden de mirar hacia fuera para ver al señor Lydgate.

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