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nydus/MiddlemarchPublic
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Final

burlaran de él por su cobardía ante los obstáculos, pues le parecía ver a Mary y a los muchachos sentados en la tranquera de cinco trancas, o asomando sus cabezas rizadas entre el seto y la zanja.

Había tres muchachos: a Mary no la disgustaba haber dado a luz únicamente a varones; y cuando Fred expresaba el deseo de tener una niña como ella, ella decía riendo: «eso sería una prueba demasiado dura para tu madre».

La señora Vincy, en sus últimos años y con el lustre mermado de sus tareas domésticas, encontraba gran consuelo al percibir que dos de los muchachos de Fred, al menos, eran auténticos Vincy y no se «parecían a los Garth».

Pero Mary se regocijaba en secreto de que el menor de los tres fuera muy parecido a lo que su padre debió de ser cuando llevaba chaqueta corta y demostraba una puntería maravillosa jugando a las canicas o tirando piedras para derribar las peras maduras.

Ben y Letty Garth, que eran tío y sobrina antes de entrar de lleno en la adolescencia, discutían mucho sobre si eran más deseables los sobrinos o las sobrinas; Ben sostenía que era evidente que las chicas servían para menos que los chicos, pues de otro modo no estarían siempre con faldas, lo cual demostraba lo poco para lo que estaban hechas; a lo que Letty, que argumentaba mucho a partir de los libros, replicaba enojada que Dios había hecho abrigos de pieles tanto para Adán como para Eva por igual⁠—asimismo se le ocurrió que en el Oriente los hombres también llevaban faldas. Pero este último argumento, al oscurecer la majestad del anterior, sobraba por completo, pues Ben respondió con desprecio: «¡Más pavos ellos!», y apeló de inmediato a su madre para saber si los chicos no eran mejores que las chicas. La señora Garth sentenció que ambos eran igual de traviesos, pero que los chicos eran indudablemente más fuertes, podían correr más deprisa y lanzar con mayor precisión a

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