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nydus/MiddlemarchPublic
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Final

El señor Brooke llegó a una venerable ancianidad, y su propiedad fue heredada por el hijo de Dorothea, quien habría podido representar a Middlemarch, pero declinó hacerlo, pensando que sus opiniones tenían menos posibilidades de ser sofocadas si permanecía al aire libre.

Sir James nunca dejó de considerar el segundo matrimonio de Dorothea como un error; y de hecho esta siguió siendo la tradición al respecto en Middlemarch, donde se hablaba de ella ante una generación más joven como una muchacha excelente que se había casado con un clérigo enfermizo, lo suficientemente viejo como para ser su padre, y poco más de un año después de la muerte de este había renunciado a su hacienda para casarse con su primo, lo suficientemente joven como para haber sido su hijo, sin propiedades y de origen plebeyo.

Aquellos que no habían visto nada de Dorothea solían comentar que no debía de ser «una mujer agradable», pues de lo contrario no se habría casado ni con el uno ni con el otro.

Ciertamente, aquellos actos determinantes de su vida no fueron idealmente bellos. Fueron el resultado mixto de un impulso joven y noble que pugnaba en medio de las condiciones de un estado social imperfecto, en el cual los grandes sentimientos a menudo adoptarán la apariencia de error, y la gran fe, la apariencia de ilusión.

Pues no hay criatura cuyo ser interior sea tan fuerte que no esté grandemente determinado por aquello que le es ajeno. Una nueva Teresa difícilmente tendrá la oportunidad de reformar la vida conventual, como tampoco una nueva Antígona gastará su heroica piedad en arriesgarlo todo por dar sepultura a un hermano: el medio en el que sus ardientes actos cobraron forma ha desaparecido para siempre.

Pero nosotros, personas insignificantes con nuestras palabras y actos cotidianos, vamos preparando las vidas de muchas Dorotheas, algunas de las cuales tal vez presenten un sacrificio mucho más triste que el de aquella Dorothea cuya historia conocemos.

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