CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/MiddlemarchPublic
Página 1165 de 1251
Table of Contents

LXXVIII

Empezó a moverse con la inquietud de una fiera que ve una presa pero no puede alcanzarla.

Al poco rato prorrumpió de nuevo⁠—

—Antes no tenía esperanza —no mucha— de que viniera nada mejor. Pero tenía una certeza: que ella creía en mí. Dijera la gente lo que dijera o hiciera lo que hiciera conmigo, ella creía en mí. ¡Eso se ha acabado! Nunca más volverá a pensar que soy otra cosa que una insignificante farsa —demasiado exquisito para aceptar el cielo si no es bajo halagüeñas condiciones, y sin embargo, vendiéndome a hurtadillas por la calderilla de cualquier demonio. Pensará en mí como en un insulto encarnado hacia ella, desde el primer momento en que nosotros...

Will se detuvo como si se hubiera descubierto aferrando algo que no debía ser arrojado y hecho añicos. Encontró otra válvula de escape para su furia volviendo a arrebatar las palabras de Rosamond, como si fueran reptiles a los que debían estrangular y arrojar lejos.

«¡Explicar! ¡Dile a un hombre que explique cómo cayó en el infierno! ¡Explicar mi preferencia! Nunca tuve preferencia por ella, ni más ni menos que la tengo por respirar. Ninguna otra mujer existe junto a ella. Preferiría tocar su mano si estuviera muerta, antes que tocar la mano viva de cualquier otra».

Rosamond, mientras estas armas envenenadas eran arrojadas contra ella, casi estaba perdiendo el sentido de su identidad, y parecía estar despertando a una nueva y terrible existencia. No tenía ningún sentido de fría repulsión resuelta, de justificación propia y recatada como el que había conocido bajo el más tempestuoso disgusto de Lydgate: toda su sensibilidad se había convertido en una desconcertante novedad de dolor; sintió un nuevo y aterrador retroceso bajo un latigazo jamás experimentado antes. Lo que otra naturaleza

1165