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nydus/MiddlemarchPublic
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LXXXI

Tú, Tierra, fuiste fiel también esta noche, y respiras de nuevo en mi regazo, y con placer me empiezas a cercar; tú agitas y conmueves la valiente resolución de tender sin cesar hacia el más alto ser.

Cuando Dorothea volvió a estar a la puerta de Lydgate hablando con Martha, él estaba en la habitación de al lado con la puerta entreabierta, preparándose para salir. Oyó su voz e inmediatamente acudió a ella.

—¿Cree que la señora Lydgate podrá recibirme esta mañana? —dijo, tras haber reflexionado que sería mejor omitir toda alusión a su visita anterior.

—No tengo ninguna duda de que lo hará —dijo Lydgate, reprimido su pensamiento sobre el aspecto de Dorothea, el cual había cambiado tanto como el de Rosamond—, si usted es tan amable de pasar y dejar que le diga que está aquí. No se ha sentido muy bien desde que vino ayer, pero esta mañana está mejor, y creo muy probable que le anime verla de nuevo.

Era evidente que Lydgate, como Dorothea había supuesto, no sabía nada de las circunstancias de su visita de ayer; es más, parecía imaginar que ella la había llevado a cabo tal como lo tenía previsto.

Ella había preparado una breve esquela pidiendo a Rosamond que la recibiera, la cual se la habría dado al criado si él no hubiera estado presente, pero ahora se sentía muy ansiosa ante el resultado de su anuncio.

Tras conducirla al salón, se detuvo para sacar una carta del bolsillo y ponérsela en las manos, diciendo: —La escribí anoche y pensaba llevarla

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