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nydus/MiddlemarchPublic
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LXXI

“Le he afeitado a Fletcher, el dependiente de Hawley, esta mañana⁠—tiene un dedo malo⁠—, y dice que todos están de acuerdo en deshacerse de Bulstrode. El señor Thesiger se ha vuelto en su contra y lo quiere fuera de la parroquia. Y hay caballeros en este pueblo que dicen que preferirían cenar con un tipo de los presidios flotantes. > ‘Y con mucha más razón lo haría yo’, dice Fletcher; ‘porque ¿qué hay que revuelva más el estómago que un hombre que viene y se hace mala compañía con su religión, y va proclamando que los Diez Mandamientos no le bastan, y todo el tiempo es peor que la mitad de los hombres de los trabajos forzados?’ Eso mismo dijo

—Aunque será una mala noticia para el pueblo si el dinero de Bulstrode se va de él —dijo el señor Limp, con voz temblorosa.

—Vaya, hay gente mejor que se gasta el dinero en peores cosas —dijo un tintorero de voz firme, cuyas manos carmesíes desentonaban con su rostro bondadoso.

“Pero no va a conservar su dinero, por lo que tengo entendido —dijo el vidriero—. ¿No dicen que hay alguien que puede despojarlo de todo? Por lo que alcanzo a comprender, podrían quitarle hasta el último céntimo si fueran a pleitos”.

—¡Ni hablar! —dijo el barbero, que se sentía un poco superior a su compañía en lo de Dollop, pero que por nada del mundo habría querido perdérsela—. Fletcher dice que ni hablar. Dice que podrían demostrar una y otra vez de quién era hijo este joven Ladislaw, y no conseguirían más que si demostrasen que yo salí de los pantanos: no podría tocar ni un céntimo.

—¡Mire usted ahora! —dijo la señora Dollop con indignación—.

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