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nydus/MiddlemarchPublic
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LXXIV

moral que Rosamond y su tía Bulstrode. La señora Bulstrode no era un objeto de antipatía y jamás había perjudicado conscientemente a ningún ser humano. Los hombres siempre la habían considerado una mujer agraciada y reconfortante, y habían contado entre las muestras de la hipocresía de Bulstrode el hecho de haber elegido a una Vincy de sangre caliente, en lugar de a una persona cadavérica y melancólica acorde con su baja estima por los placeres terrenales. Cuando se reveló el escándalo sobre su marido, comentaron de ella: «¡Ah, pobre mujer! Es más honrada que el día; seguro que no sospechaba nada malo en él, puedes estar tranquilo». Las mujeres que tenían trato íntimo con ella hablaban mucho de la «pobre Harriet», imaginaban cuáles debían ser sus sentimientos al llegar a enterarse de todo y conjeturaban cuánto habría llegado a saber ya. No había en ellas ninguna disposición malévola hacia su persona; más bien existía una atareada benevolencia ansiosa por averiguar qué le convendría sentir y hacer dadas las circunstancias, lo cual, por supuesto, mantenía la imaginación ocupada con su carácter y su historia desde los tiempos en que era Harriet Vincy hasta el presente. Al pasar revista a la señora Bulstrode y a su situación, era inevitable asociar a Rosamond, cuyas perspectivas sufrían la misma plaga que las de su tía. Rosamond fue criticada con más dureza y compadecida con menos, aunque ella también, en tanto que miembro de la buena y vieja familia Vincy que siempre había sido conocida en Middlemarch, era considerada una víctima del matrimonio con un advenedizo. Los Vincy tenían sus debilidades, pero al menos estaban a flor de piel: nunca había nada malo que «descubrir» acerca de ellos. La señora Bulstrode quedó exenta de cualquier parecido con su marido. Las faltas de Harriet eran exclusivamente suyas.

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