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nydus/MiddlemarchPublic
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LXXI

—¡Bulstrode! —dijeron dos o tres voces a la vez en tono bajo, y una de ellas, la del pañero, antepuso respetuosamente el «don»; pero nadie al pronunciar este nombre interjectivo tenía más intención que si hubieran dicho «el coche de Riverston» cuando aquel vehículo aparecía a lo distancia.

El señor Hawley le echó una mirada de soslayo y sin cuidado a la espalda de Bulstrode, pero mientras los ojos de Bambridge la seguían, este hizo una mueca sarcástica.

—¡Válgame Dios! Eso me recuerda —empezó, bajando un poco la voz— que en Bilkley saqué algo más en claro que el caballo de tu calesa, señor Hawley. Me enteré de una buena historia acerca de Bulstrode. ¿Sabe usted cómo hizo su fortuna? A cualquier caballero que ande en busca de información curiosa se la puedo dar gratis. Si cada uno recibiera su merecido, a Bulstrode le habría tocado rezar en Botany Bay.

—¿Qué quiere decir? —dijo el señor Hawley, metiéndose las manos en los bolsillos y avanzando un poco bajo el arco. Si Bulstrode resultaba ser un bribón, Frank Hawley tenía alma de profeta.

—Lo supe por alguien que era un viejo amigote de Bulstrode. Te diré dónde lo encontré por primera vez —dijo Bambridge, con un gesto repentino del dedo índice. > «Estaba en la almoneda de Larcher, pero entonces yo no sabía nada de él; se me escurrió entre los dedos; iba tras Bulstrode, sin duda. Me dice que puede sacarle dinero a Bulstrode por cualquier suma, que conoce todos sus secretos. Sin embargo, se fue de la lengua conmigo en Bilkley; se toma unos buenos tragos. ¡Maldita sea si creo que tenía la intención de delatar a nadie!; pero es ese tipo de fanfarrón, la fanfarronería se le desborda por montes y valles hasta el punto de fanfarronear de una

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