Su espíritu sutilmente inspirado aún tenía sus bellas manifestaciones, aunque no fueran ampliamente visibles.
Su naturaleza plena, como aquel río cuya fuerza quebrantó Ciro, se gastaba en cauces que no tenían un gran nombre sobre la tierra.
Pero el efecto de su ser en quienes la rodeaban era incalculablemente difusivo: pues el creciente bien del mundo depende en parte de actos no históricos; y que las cosas no vayan tan mal para ti y para mí como podrían haber ido se debe a medias a la cantidad de personas que vivieron fielmente una vida oculta y descansan en tumbas no visitadas.