—Esta cabaña lleva vacía un buen rato —dijo cuando hube terminado—. Cualquiera podría haber acampado en ella sin problema. ¿Crees que fue ese tal Papadopoulos, eh? Ya nos pondremos a buscarlo a él y a sus amigos, sobre todo ahora que hay una buena recompensa de por medio.
Buscamos por el bosque y no encontramos a nadie. El hombre al que había derribado y el hombre al que había disparado habían desaparecido.
Jack y yo volvimos a Sausalito con los agentes. Allí busqué a un médico para que me vendara la espalda. Dijo que el corte era largo pero superficial. Luego regresamos a San Francisco y nos separamos rumbo a nuestras casas.
Y así terminó la labor del día.