estuvieran interesados?
Lo que quería decir, por supuesto, era si le había sacado un préstamo, o si le había vendido algo, o le había conseguido dinero de cualquier otra manera.
Se puso de pie de un salto, y su rostro se tornó de un gris ceniciento. Luego volvió a sentarse—dejándose caer—y enrojeció escarlata.
“Perdóneme —dijo con voz espesa—. Usted no la conocía y, por supuesto, debe ver el asunto desde todos los ángulos.
No, no hubo nada de eso. Me temo que va a perder el tiempo si piensa trabajar sobre la teoría de que era una aventurera. ¡No hubo nada de eso!
Era una chica sobre la cual se cernía algo terrible; algo que la llamó a Baltimore de repente; algo que me la ha arrebatado. ¿Dinero? ¿Qué podía tener que ver el dinero con esto? ¡La amo!