—No estás tan rematadamente tonto —dijo—. Clio ya me advirtió la primera vez que te vio que más me valía no intentar jugártela.
Una mirada ausente se asomó a sus ojos pálidos.
—Piensa en toda esa gente que resultó muerta, mutilada y encarcelada... todo por un dólar y diez centavos. Menos mal que Slim no se comió cinco dólares de comida. ¡Habría depoblado por completo el estado de Arizona!