“No habría sido de la manera en que ocurrió”.
“Qué lástima. Las conspiraciones para defraudar no significan tanto para mí como encontrar a Sue. Podría haber hecho un trato contigo”.
Volvió a negar con la cabeza, pero tenía una mirada pensativa y su labio inferior subió para cubrir un poco al superior.
La niña se había hecho hacia atrás para poder vernos a los dos mientras hablábamos, volviendo el rostro, en el que se notaba que no le gustábamos, del uno al otro a medida que decíamos lo nuestro.
Ahora fijó la mirada en el hombre, y sus ojos volvían a enojarse.
Me puse de pie y le dije:
“Como quieras. Pero si quieres jugar así, tendré que llevaros a los dos”.
Sonrió con los labios hacia adentro y se puso de pie.
La niña se interpuso entre nosotros, frente a él.
—Este es un momento de porquería para hacerse el mudo —le espetó ella—. Habla, zoquete, o lo haré yo. Estás loco si crees que me voy a tragar el marrón contigo.
—Cállate —dijo desde el fondo de la garganta.
—Cállame —gritó ella.
Intentó hacerlo con ambas manos. Me estiré por encima de sus hombros y le agarré una de las muñecas, desvié la otra mano hacia arriba.
Se deslizó por entre los dos y corrió a ponerse detrás de mí, gritando:
—Joe sí la conoce. Él le compró las cosas. Está en el St. Martin, en la calle O’Farrell: ella y Babe McCloor.