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nydus/Continental Op StoriesPublic
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XII

Los nudillos de Milk River en la puerta me sacaron de la cama para tiritar en el frío de las cinco y algo de la mañana.

—¡Esto no es una granja! —le reproché mientras lo dejaba entrar—. Estás en la ciudad ahora. Se supone que debes dormir hasta que salga el sol.

—Se supone que el ojo de la ley nunca debe dormir —me sonrió, castañeándole los dientes, porque no llevaba más ropa que yo.

«Fisher, que tiene un rancho por allá, mandó a un hombre a avisarle que se está armando una balacera allá en el Circle H.A.R. Dio con mi puerta en vez de con la suya. ¿Cabalgamos hacia allá, jefe?».

—Así es. Consigue unos rifles, agua y los caballos. Yo bajaré a lo del judío a encargar el desayuno y a pedir que nos envuelvan algo de almuerzo.

Cuarenta minutos después, Milk River y yo estábamos fuera de Corkscrew.

La mañana se templaba a medida que cabalgábamos, el sol dibujando largas imágenes violetas sobre el desierto, levantando el rocío en una bruma que se desvanecía. El mezquite era fragante, y hasta la arena⁠—que más tarde se pondría como la hornilla polvorienta de una estufa⁠—desprendía un olor fresco y agradable. No se oía nada más que el crujido del cuero, el ocasional tintineo del metal y el chap-chap de las pezuñas de los caballos sobre el suelo duro, que se convertía en un shff-shff cuando pisábamos arena suelta.

La batalla parecía haber terminado, a menos que a los contendientes se les hubieran acabado las balas y estuvieran peleando cuerpo a cuerpo.

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