La historia de la mujer brotó de su boca airada:
“Su nombre no era Molloy. Era Lange, Sam Lange. Me casé con él en Providence en 1913 y me fui a China con él; a Cantón, donde tenía un puesto en una compañía naviera. No nos quedamos allí mucho tiempo, porque se metió en un lío por andar metido en la revolución de aquel año. Después de eso fuimos de un lado para otro, sobre todo por Asia.
«Nos encontramos a este sujeto» —señaló al ahora taciturno y callado Richter— «en Singapur, en 1919, creo, justo después de que terminara la Guerra Mundial. Se llama Holley, y Scotland Yard puede contarles algo sobre él. Tenía una propuesta. Sabía de un yacimiento de gemas en el alto Birmania, uno de tantos que fueron ocultados a los británicos cuando tomaron el país. Conocía a los nativos que lo estaban explotando, sabía dónde escondían sus gemas.
“Mi marido entró con él, con otros dos hombres que fueron asesinados. Saquearon el escondite de los