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nydus/Continental Op StoriesPublic
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VI

mujeres chillonas con la mirada aún pesada por el sueño del día; agentes de civil de camino a la comisaría, para firmar antes de terminar su turno; chinos que iban o venían de Chinatown; marineros en parejas, en busca de acción de cualquier tipo; hambrientos que se dirigían a los restaurantes italianos y franceses; gente preocupada que entraba a la oficina del agente de fianzas en la esquina para gestionar la liberación de amigos y parientes que la policía había apresado; italianos en su viaje de regreso a casa tras la jornada laboral; toda clase de ciudadanos de aspecto furtivo en diversos mandados turbios.

Llegó la medianoche, y sin rastro de John Boyd, di por concluida la jornada y me fui a casa.

Antes de acostarme, hablé con Dick Foley por teléfono. Me dijo que la señora Estep no había hecho nada de importancia en todo el día, y que no había recibido ni correo ni llamadas telefónicas. Le mandé que dejara de vigilarla hasta que yo resolviera el juego de John Boyd.

Temía que Boyd pudiera fijar su atención en la mujer, y no quería que descubriera que la estaban vigilando. Ya le había dado instrucciones a Bob Teal para que simplemente vigilara el apartamento de Ledwich —para ver cuándo entraba y salía, y con quién—, y ahora le dije a Dick que hiciera lo mismo con la mujer.

Mi suposición con respecto a este tal Boyd era que él y la mujer estaban trabajando juntos; que ella lo había puesto a vigilar a Ledwich para ella, de modo que el grandulón no pudiera traicionarla. Pero eso era solo una suposición, y no suelo apostar demasiado por mis suposiciones.

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