Esto es lo que pasó a la mañana siguiente. Yo no lo vi. Me enteré poco antes del mediodía y lo leí en los periódicos esa misma tarde. Entonces no sabía que tuviera ningún interés personal en el asunto, pero más tarde sí, así que lo pondré aquí tal y como ocurrió.
A las diez de esa mañana, en la concurrida calle Market, tambaleándose irrumpió un hombre que estaba desnudo desde la cima de su maltrecha cabeza hasta las plantas de sus pies ensangrentados. De su pecho desnudo, de sus costados y de su espalda pendían pequeños jirones de carne que goteaban sangre. Su brazo izquierdo estaba roto por dos lugares. El lado izquierdo de su cabeza calva estaba hundido. Una hora después murió en el hospital de urgencias, sin haberle dirigido una palabra a nadie, con la misma mirada vacía y distante en los ojos.
La policía siguió fácilmente el rastro de gotas de sangre hacia atrás. Terminaron con un manchón rojo en un callejón junto a un pequeño hotel justo al lado de Market Street.
En el hotel, la policía encontró la habitación desde la cual el hombre había saltado, caído o sido arrojado. La cama estaba empapada de sangre. Sobre ella había sábanas desgarradas y retorcidas que habían sido anudadas y usadas a modo de cuerda. También había una toalla que se había usado como mordaza.
Las pruebas indicaban que el hombre desnudo había sido amordazado, atado de pies y manos y torturado con un cuchillo. Los médicos dijeron que las tiras de carne habían sido cortadas, no desgarradas ni arañadas. Después de que el usuario del cuchillo se hubo marchado, el hombre desnudo se había liberado de sus ataduras y,