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nydus/Continental Op StoriesPublic
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III. El acecho

«Adelántala», le dije a mi chófer, y nos abalanzamos sobre ella.

Al ponernos a su altura, subió los peldaños de la entrada de otro edificio, y esta vez tocó un timbre.

Estos peldaños pertenecían a un edificio aparentemente ocupado por cuatro pisos, cada uno con su puerta independiente, y el botón que había pulsado correspondía al piso derecho del segundo piso.

Al amparo de las cortinillas traseras de mi auto, vigilé la puerta mientras mi conductor encontraba un lugar conveniente para estacionarse en la siguiente manzana.

No le quité ojo al vestíbulo hasta las 5:35 de la tarde, hora en que salió, caminó hacia la línea de tranvías de la calle Sutter, regresó al Montgomery y se fue a su habitación.

Llamé al Viejo⁠—el gerente en San Francisco de la Continental Detective Agency⁠—y le pedí que asignara a un agente para averiguar quiénes eran los ocupantes del apartamento de la calle Laguna y a qué se dedicaban.

Aquela noche la señora Estep cenó en su hotel y después fue al teatro, sin mostrar el menor interés por sus posibles sombras. Subió a su habitación un poco después de las once, y yo di por terminada la jornada.

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