“La situación, por tanto, es lo que los jugadores llaman un empate técnico. Ninguno de los dos tiene ventaja.
Como detective, usted nos quiere a nosotros; pero nosotros lo tenemos a usted. Como ladrones, queremos los bonos; pero usted los tiene.
Le ofrezco a la muchacha a cambio de los bonos, y eso me parece una oferta equitativa. A mí me dará los bonos y la oportunidad de huir. A usted le otorgará un grado nada despreciable de éxito en su labor como detective.
- Hook está muerto.
- Tendrá a la muchacha.
Todo lo que quedará será volver a encontrarnos a mí y a los bonos, lo cual no es en absoluto una tarea desesperada. Habrá convertido una derrota en más de media victoria, con una excelente oportunidad de lograr que sea completa”.
“¿Cómo sé que me entregarás a la chica?”
Se encogió de hombros.
“Naturalmente, no puede haber ninguna garantía. Pero, sabiendo que planeaba abandonarme por el cerdo que yace muerto ahí abajo, no se puede imaginar que mis sentimientos hacia ella sean precisamente amistosos. Además, si me la llevo, querrá una parte del botín”.
Le di vueltas al plano en la cabeza, y lo miré por este lado, por el otro y por aquel.
—Así es como lo veo yo —le dije por fin—. No eres un asesino. Saldré con vida pase lo que pase. Muy bien; ¿por qué iba a hacer el cambio? A ti y a la chica os será más fácil volver a encontraros que a los bonos, y de todos modos son la parte más importante del trabajo. Me los quedaré y jugaré mis cartas a encontraros otra vez. Sí, estoy sobre seguro.