—Bueno —dije cuando le entregó mi pistola al inglés, quien se la guardó en el bolsillo con la mano izquierda—. Ahora aquí va mi proposición. Tú y Kewpie cruzan la frontera conmigo —para que no tengamos que andar con tonterías de papeles de extradición— y haré que los metan presos. Daremos nuestra pelea en los tribunales. No estoy del todo seguro de poder cargarles los asesinatos a ninguno de los dos, y si fracaso, quedarán libres. Si doy la talla —como espero hacerlo—, ya saben que irán a la horca. Pero siempre hay una buena posibilidad de ganarle a los tribunales —especialmente si eres culpable— y esa es la única oportunidad que tienen que valga la pena.
—¿Qué sentido tiene huir? ¿Pasarte el resto de la vida esquivando a la policía? ¿Solo para que te atrapen al final, o te descaben intentando escapar? Quizás salves el pellejo, pero ¿qué pasa con el dinero que te dejó tu mujer? Ese dinero es por lo que estás en el ajo; es por lo que hiciste matar a tu mujer. Afronta el juicio y tendrás la oportunidad de cobrarlo. Huye, y dile adiós para siempre. ¿Vas a abandonarlo, a tirarlo por la borda solo porque tu testaferro metió la pata? ¿O vas a aguantar hasta el final, a ganarlo todo o perderlo todo?
Muchos de estos muchachos que fanfarronean con eso de que no se dejarán atrapar vivos han sido seducidos hacia una rendición pacífica con ese tipo de charla. Pero mi juego en ese momento era persuadir a Ed y a su muchacha para que huyeran. Si dejaba que los metiera en chirona, tal vez podría condenar a uno de ellos, aunque mis probabilidades no eran muy grandes. Dependía de cómo salieran las cosas más tarde. Dependía de si podía demostrar que Gooseneck había estado en San Francisco la noche de los asesinatos, y me imaginaba que él estaría bien provisto de toda clase de pruebas en contra. No habíamos podido encontrar ni una sola huella dactilar del asesino en la casa de la señora Ashcraft. Y si podía convencer a un jurado de que él había estado en San Francisco en ese momento, entonces tendría que demostrar que él había cometido el asesinato. Y después de eso aún tendría por delante la parte más difícil del