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nydus/Continental Op StoriesPublic
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VI

Me desperté en una desagradable mañana lluviosa. Tal vez fuera por el tiempo, tal vez me hubiera comportado con demasiada animación el día anterior, el caso es que la raja en mi espalda parecía un divieso de un pie de largo.

Telefoné al doctor Canova, que vivía en el piso de abajo, y le pedí que me echara un vistazo al corte antes de irse a su consultorio en el centro. Me lo volvió a vendar y me dijo que me tomara la vida con calma un par de días. Me sentí mejor después de que me lo manipuló, pero llamé a la agencia y le dije al Viejo que, a menos que surgiera algo emocionante, me iba a quedar en la lista de enfermos todo el día.

Pasé el día apoyado frente a la chimenea de gas, leyendo y fumando cigarrillos que no querían prender bien debido al tiempo.

Esa noche usé el teléfono para organizar una partida de póquer, en la que no tuve mucha acción ni en un sentido ni en otro.

Al final terminé quince dólares arriba, lo que era más o menos cinco dólares menos de lo necesario para pagar el alcohol que mis invitados se habían tomado a costa mía.

Al día siguiente mi espalda estaba mejor, y el día también. Fui a la agencia. Había un memorándum en mi escritorio que decía que Duff había llamado para avisar que a Angel Grace Cardigan la habían fichado por vagancia: treinta días en la prisión de la ciudad. Había una pila habitual de informes de varias sucursales sobre la incapacidad de sus agentes para averiguar algo sobre Papadopoulos y Nancy Regan. Estaba echándoles un vistazo rápido cuando entró Dick Foley.

“Lo fiché”, informó.

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