ver a mi hombre colándose por la puerta trasera de un edificio de apartamentos que daba a la calle McAllister.
Conducía despacio, pensando.
El edificio en el que el Chaval había pasado la noche y este edificio al que acababa de entrar daban con sus partes traseras a la misma calle posterior, en aceras opuestas, a poco más de media manzana de distancia. Si la habitación del Chaval estaba en la parte trasera de su edificio, y tuviera un par de prismáticos potentes, podría vigilar muy de cerca todas las ventanas —y probablemente gran parte del interior— de las habitaciones de ese lado del edificio de la calle McAllister.
Anoche había dado un rodeo de una manzana. Al haberle visto escabullirse por la puerta trasera hace un momento, mi suposición era que no había querido bajarse del tranvía donde pudiera ser visto desde este edificio.
Cualquiera de sus puntos de salida más convenientes del tranvía habría estado a la vista de este edificio. Esto sumaría al hecho de que el Chaval estaba vigilando a alguien en este edificio, y no quería que le vigilaran a él.
Ahora