Le sonreí desde arriba.
“Sabes muy bien que no es así, Ryan. Con los bolsillos llenos de dinero no conseguirás nada en California. No tienes trabajo. No puedes demostrar de dónde sacas el dinero. Estás hecho a la medida para la ley de vagancia”.
Tenía a este pájaro calado como un vendedor de droga. Si lo era —o si andaba en algo turbio que pudiera salir a la luz al ficharlo por vagancia—, lo más probable es que estuviera dispuesto a vender a Ashcraft para salvar el pellejo; sobre todo porque, hasta donde yo sabía, Ashcraft no estaba del lado equivocado de la ley penal.
—Yo que tú —continué mientras él miraba fijamente al suelo y pensaba—, sería un tipo simpático y servicial y hablaría ahora mismo. Tú estás...
Se giró de lado en la silla y una de sus manos fue a parar detrás de él.
Lo eché de su silla.
La mesa resbaló debajo de mí o si no lo