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nydus/Continental Op StoriesPublic
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revolución empezaría el jueves temprano por la mañana —ahora era el miércoles temprano por la mañana— y que en ese momento se estaban ultimando los detalles por última vez. Dudaba de que alguien fuera a saber nada sobre los detalles con todo este alboroto que había. Siguieron así hasta las tres y media. Las últimas dos horas las pasé adormilado en una silla, inclinada hacia atrás contra la pared en un rincón.

Grantham y yo caminamos de regreso a nuestro hotel después de la reunión. Me dijo que debíamos reunirnos en la plaza a las cuatro de la mañana del día siguiente. A las seis ya sería de día, y para entonces los edificios gubernamentales, el Presidente, la mayoría de los funcionarios y diputados que no estaban de nuestro lado, estarían en nuestras manos. Se celebraría una reunión de la Cámara de Diputados bajo la mirada de las tropas de Einarson, y todo se haría con la mayor rapidez y regularidad posible.

Iba a acompañar a Grantham a modo de guardaespaldas, lo que significaba, según imaginaba, que a ambos iban a quitarnos de en medio tanto como fuera posible. Por mí perfecto.

Dejé a Grantham en el quinto piso, fui a mi habitación, me lavé la cara y las manos con agua fría y luego salí del hotel de nuevo. No había ninguna posibilidad de conseguir un taxi a estas horas, así que emprendí el camino a pie hacia la casa de Romaine Frankl.

Tuve un pequeño contratiempo en el camino.

Un viento soplaba en mi cara mientras caminaba. Me detuve y le di la espalda para encender un cigarrillo. Una sombra calle abajo se deslizó hacia la sombra de un edificio. Me estaban vigilando, y no con mucha habilidad. Terminé de encender mi cigarrillo y seguí mi camino hasta llegar a una calle lateral suficientemente oscura. Al doblar hacia ella, me detuve en un portal oscuro a ras de calle.

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