—Claro —dijo Callahan—, pero de buena manera. Simplemente teníamos a un par de hombres vigilando un apartamento al final de la manzana con prismáticos. Nadie podía sospecharlo.
Chappell se volvió hacia mí, con el horror acentuándose en su rostro. —¿Qué...?
Sonó el timbre.
Chappell corrió hacia la puerta y al poco rato volvió abriendo con entusiasmo un sobre con sello de entrega urgente. Dentro había otra de las cartas mal impresas.
We got the money all right but have got to have more tonight the same amount at the same time and everything else the same. This time we will honestly send your wife home alive if you do as you are told. If you do not or say a word to the police you know what to expect and you bet you will get it.
Callahan dijo:
“¿Qué demonios?”
Muir gruñó:
«Los de ⸻ la ventana deben de estar ciegos».
Miré el matasellos del sobre. Era de esa misma mañana. Le pregunté a Chappell: «Bueno, ¿qué vas a hacer?».
Tragó saliva y dijo:
«Les daré hasta el último centavo que tengo si con eso traen a Louise de vuelta sana y salva».