Me levanté, frotándome el hombro izquierdo, que se había golpeado contra una roca. Smith sostenía la piel de ante. Los rostros de los cinco hombres estaban serios y solemnes—demasiado serios y solemnes.
“Tal vez no le caes bien”, dio su opinión Buck Small.
—Puede ser —admití mientras me subía a la silla de montar por tercera vez.
El diablo de tinte limonado ya estaba entrando en calor por entonces, empezaba a enorgullecerse de su trabajo. Me dejó quedarme a bordo más tiempo que antes, para poder estrellarme con más fuerza.
Estaba mareado cuando caí al suelo frente a Peery y Milk River. Me tomó un poco de tiempo levantarme, y tuve que quedarme quieto por un momento, hasta que pude sentir el suelo bajo mis pies.
—Aguántalo un par de segundos... —empecé.
El gran cuerpo de Peery se encontraba frente a mí.
—Ya basta —dijo—. No pienso cargar con tu muerte en la conciencia.
Negué con la cabeza violentamente, intentando despejarla para poder verle mejor.
—Quítate de mi medio —gruñí—. Me gusta esto. Quiero más.
—Ya no le pones la mano encima a mi penco —me gruñó de vuelta—. No está acostumbrado a jugar tan rudo. Eres propenso a lastimarlo, cayéndote de esa manera tan descuidada.
Intenté pasar por su lado. Me bloqueó el paso con un brazo grueso. Lancé un golpe con mi puño derecho directo a su rostro oscuro.
Volvió atrás, esforzándose por mantener el equilibrio.